Quizás no necesitas lo que crees que necesitas.

quizas no necesitas

Me considero una persona exitosa, y no precisamente porque sea millonaria, que evidentemente no lo soy, ni porque tenga el estatus de una Kardashian, sino porque, en retrospectiva, hoy estoy exactamente donde quería estar hace unos meses.

Cuando empecé a trabajar como freelancer estaba tocando fondo. Ya lo he comentado en varias oportunidades. Pero ya de ese fondo salí. Hoy día tengo un apartamento para mí sola cerca de mis padres y mi hermano, un trabajo estable de redacción, y de vez en cuando hago suplencias médicas en centros privados para no perder pericia. Vivo exactamente como me gusta, trabajo exactamente en lo que me gusta, mis planes de emigracion van tomando forma, y cada día hago más cosas que me hacen sentir bien. Y, por si eso fuese poco, además gano dinero por hacerlas.

No tengo los lujos que quisiera tener, pero sí tengo algunos. Mi laptop vieja es una Vaio que mi papá me compró en 2013 (a la que, por cariño, la llamo Millenium Falcon) y es una muy buena máquina, pero ya no estaba dando para más. La batería estaba mala, el flex se había dañado, y el sistema operativo se me estaba colgando con una frecuencia molesta. Así que un buen día, después de respirar profundo y concluir que lanzar a mi Millenium Falcon por la ventana no era la solución, tomé una buena parte de mis ahorros y me compré una nueva laptop. Problema número 184.739: resuelto.

Sin embargo, no vine a fanfarronear. No me interesa dar la impresión falsa de que mi vida es perfecta porque, como todos, tengo problemas. Ha habido meses más duros que otros donde he tenido el dinero contado, y donde no he tenido la oportunidad de ahorrar ni un solo centavo. Si tus ingresos como freelancer representan el grueso de tus ingresos totales, debes siempre tener en cuenta que se trata de una actividad con retornos impredecibles. Y, por supuesto, mi caso no ha sido la excepción. He comido verdes y he comido maduras.

Pero vamos al grano. Lo que vine a decir es que hace días me tomé un tiempo para dar un paso hacia atrás y evaluar mi vida, mis decisiones y mis objetivos. Y cuando vi que había logrado todo lo que me había propuesto en el corto plazo me di cuenta también de otra cosa muy importante: para llegar a donde estoy hoy no necesité de lo que hace meses creía que necesitaba.

En el último trimestre del año pasado estaba “clara” de dos cosas: primero, necesitaba un sitio web con dominio propio para hablar de lo buena redactora que soy. Segundo, necesitaba tener una presencia profesional y ubicua en redes para que mis potenciales clientes pudiesen ver de qué estaba hecha.

Todo eso lo “necesitaba” (me disculpan el abuso de las comillas, pero estoy intentando probar un punto) porque Jorden Roper me lo había dicho, porque era lo que leía que los expertos recomendaban, y porque lo que más quería era “demostrar” que estaba haciendo las cosas bien.

Quería que un blog, el que sea, me diera la oportunidad de hacer un guest-post para poner mi nombre en la World Wide Web. Quería que gente influyente me aceptase entrevistas como la que le hice a Esther Pineda. Quería que, algún día, alguien descubriese que soy un diamante en bruto esperando por que alguien más gritase “Eureka!” cuando viese mi trabajo.

Pero estaba muy equivocada. Nada de eso pasó y, sin embargo, aquí estoy.

Mi trabajo actual es de redactora en un portal de emprendimiento, startups y tecnología llamado Pulso Social. Es uno de los tantos proyectos de Andrés Barreto, que es algo así como el Mark Zuckerberg latinoamericano. Y la historia de cómo conseguí ese trabajo es bastante breve y plot-twister: lo conseguí gracias a mi blog. Sí, gracias a este blog que estás leyendo justo ahora.

Un buen día estaba comiendo y noté que me había llegado un correo electrónico al email de 101. Cuando lo revisé desde mi celular vi que era muy corto. Decía básicamente:

“Hola Ana. Me preguntaba si estás interesada en un trabajo full-time de redacción para un portal latinoamericano. Quedo atenta a tu respuesta.”

No es primera vez que me llega un correo de ese tipo, y tampoco es primera vez que digo que sí y que pido detalles. Pero sí fue la primera vez que sentí satisfacción. La persona en cuestión estaba reclutando redactores para Pulso Social, y me dijo que la primera persona en la que pensó fue en mí porque llevaba ya un buen tiempo leyendo mi blog y le gustaba mucho mi estilo. Me felicitó además por lo que había logrado con mis dos eBooks y me dejó claro que le encantaría trabajar conmigo. Quedamos en que yo debía enviarle 20 muestras de portafolio, mis datos completos y un teléfono de contacto para formalizar mi postulación.

Una semana después ya yo tenía el trabajo y estaba en el lugar donde estoy ahora. Lo que te comenté arriba de que vivo sola, trabajo en lo que me gusta, mis planes de emigrar están encauzándose, etcétera, etcétera.

Sin dominio propio, sin presencia profesional en redes sociales (vamos, que el otro día dije esto por Twitter, donde me siguen más de dos mil personas, muchas de ellas lectoras asiduas de mi blog), sin un solo guest-post en todo el Internet, y sin mucho más que un blog en WordPress donde no utilizo ni una sola estrategia de SEO.

¿Y esto qué tiene que ver contigo?

Te comparto el cuento completo de cómo logré conseguir un trabajo en un portal grande, popular y muy visitado por emprendedores, empresarios y mi audiencia target para que des no uno, sino dos pasos hacia atrás y evalúes lo que haces. Porque la verdad es que quizás no necesitas lo que crees que necesitas. Y lo que es más, quizás lo que realmente necesitas, ya lo tienes.

Tal vez estás cometiendo el mismo error que yo cometí hace meses, donde pensé que una estrategia rígida escrita en bolígrafo y papel (no exagero, la tengo por ahí escrita a mano) era lo único que me iba a hacer llegar al siguiente nivel. Eso, y solo eso, era lo que me iba a acercar a mis metas y objetivos.

Pero qué equivocada estaba.

Yo sigo muy de cerca a mis lectores, y he notado en las últimas semanas que varios de ustedes se han dedicado al máximo a tener un buen blog o sitio web. Más de uno ya compró su dominio, cosa por la cual los felicito, y más de una hace artículos de altísima calidad con data que respalda lo que dice en el texto. Todo eso me parece magnífico.

Dije que no venía a presumir ni a fanfarronear, pero la verdad es que hay algo de lo que sí quiero presumir y fanfarronear: a mí no me lee gente tonta. La gente que tiene el cerebro muy atrofiado llega a mi blog y se va a los dos segundos. Algunos de ellos se dedican a insultarme o atacarme por correo o redes sociales, y eso es algo a lo que ya me acostumbré. Cuando alguien empieza a odiarme, automáticamente asumo que es un enano mental. Así que si tú estás aquí es por algo. Y esto no lo supongo. Esto lo sé.

Y así como sé eso, sé que detrás de ese blog o sitio web que estás armando hay un objetivo. Quizás quieres más exposición en las redes, quizás quieres ser encontrada por un buen cliente potencial, quizás quieres monetizar tu página, o quizás quieres volverte un influencer o referencia obligatoria en tu nicho.

Y todo eso está muy bien pero, si me aceptas un consejo, hay una cosa que quiero decirte con urgencia: la calidad prevalece.

A mí jamás me hubiesen llamado de Pulso Social (ni hubiesen estado dispuestos a pagarme un salario en dólares) de no ser porque el contenido de mi blog es de calidad. Tal vez sí tuve un poco de suerte. Después de todo, una lectora me contactó en el momento preciso para la oportunidad perfecta. Fue un caso típico de esos de “estar en el lugar correcto en el momento adecuado”. Pero la suerte no lo fue todo. La oportunidad se me presentó después de meses de escribir religiosamente en este espacio. Pulir mi escritura y hacer que el ritmo de mis artículos sea cada vez más armonioso era uno de mis objetivos, aunque ni yo misma me había dado cuenta de eso. Y eso fue lo que marcó la diferencia.

Es un trabajo de carpintería, y es un trabajo que no te va a generar ningún retorno al corto plazo, ni en términos económicos ni en satisfacción personal. Pero es algo que debes hacer. ¿Recuerdas que te hablé hace poco de la importancia de tomar una acción ya mismo? ¿Recuerdas también cuando dije que es importante tener claro el leitmotiv de tu blog y de lo que escribes? Pues refresca la memoria y tatúate esas dos cosas en el cerebro.

No literalmente, porque estoy segura de que es inviable, pero sabes a lo que me refiero con esa metáfora.

Tu blog y tu sitio web son importantes, y estoy segura de que, al igual que yo, en algún momento la oportunidad va a tocar tu puerta. Pero hay que tener paciencia y trabajar duro.

Para que no te sientas como que te estoy contando una fábula infantil, te dejo a continuación la imagen que publiqué en LinkedIn y que le envié a mis lectores por correo electrónico hace un tiempo sobre las 7 cosas que debe tener tu artículo increíble. Es una guía rápida y fácil de recordar para el momento en el que te encuentres escribiendo tu siguiente artículo increíble. (Hint: este artículo que estás leyendo no es uno de ellos)

7 cosas articulo

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Te dejo también una foto mía que nada tiene que ver con lo que estoy hablando. Lo hacía en los primeros días del blog, pero he perdido la costumbre en aras de “mantenerme seria”. La fotografía me la tomó Gustavo Villalobos (@GAVVphoto en Instagram) y el maquillaje estuvo a cargo de Kris Jiménez de AmorAmor.

Sabes que eres más que bienvenido a escribirme a 101anapatricia@gmail.com cada vez que sientas que tengas algo que decirme. Contesto siempre y tan rápido como puedo, y me gusta mucho orientar, ayudar y recibir feedback.

Por qué escribes lo que escribes — el leitmotiv de tu blog y su importancia.

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Hoy día un montón de gente está motivada, lista y presta para abrirse un blog por varias razones. Algunos de ellos solo quieren un repositorio de sus propias ideas y reflexiones, otros quieren aportar un grano de arena a alguna conversación en torno a un tema X, y otros solo lo abren para hablar de lo que les gusta sin ver mucho más allá de su nariz y sus estadísticas. Pero una razón increíblemente popular para abrirse un blog estos días es vender.

Sin embargo, siempre hay una piedra en el zapato, y la piedra en el zapato de hoy es que la internet está sobrecargada de información y contenido, y que las redes sociales juegan un rol central en este asunto. No importa de qué quieras saber, ya cientos de personas han escrito al respecto, o han hecho infografías, o grabaron un vídeo y lo colgaron en YouTube que han compartido en Twitter, Facebook y cuanta red social existe.

No sé si lo sabías, pero de 10 personas que leen el título de tu artículo o contenido, solo dos harán clic para leer más. Esto se debe en gran parte a que la capacidad de atención en medios digitales de una persona promedio es muy corta, y eso lo puedes comprobar con tu propia experiencia. Te aseguro que jamás has hecho clic en un titular que no te ofrece algo, y que has dejado pasar miles (quizás millones) de piezas de contenido que, aunque te interesaban, no te animabas a leer. El enganche no sucedió porque no te enamoraste del título. Una pena.

Pero lo (aparentemente) paradójico es que, según Copyblogger -la Meca y Santo Grial de la redacción web y el blogging- el tamaño no importa. Dicho en otras palabras, la longitud de un artículo no tiene nada que ver con el enganche que ese artículo generará en el lector. La gente está dispuesta a leer artículos de más de 1000 palabras si encuentran que el contenido se les hace útil o les ofrece algo de alguna manera. Lo mismo si es un artículo bocadillo de 200 o 300 palabras. Lo que prevalece es la calidad.

Pero, ¿a qué se debe todo esto?

Y, más importante aún, ¿por qué a ti, como dueño de un blog, debería importarte?

Porque, aunque es cierto que es completamente posible hacer que un blog sea rentable y genere retornos, el verdadero propósito de un blog es comunicar, no vender. Un buen blog debe contarle a los lectores historias que les importen, y aquí es donde entra un poco en juego la mística o la magia del asunto.

Si te abres un blog para vender productos o servicios, o si te pasa como a mí que abrí este blog sin tener mucha idea de qué hacía hasta que eventualmente lo rentabilicé promocionando mi primer eBook y luego el segundo, sé que te verás tentado a generar una tonelada de contenido que impulse tus ventas. También sé que ese contenido que vas a generar para hacer que tu negocio sea fértil va a estar dirigido a contestar dos preguntas sencillas: qué haces y cómo lo haces.

Yo escribo eBooks y artículos, y con eso gano dinero. Lo hago utilizando algunas técnicas que he aprendido en casi cuatro años. Muy bien. ¿Y?

La internet está saturada de este tipo de contenido de qué y cómo. Mucha gente, como yo y probablemente tú, tiene una idea innovadora que cree que vale la pena y que debe volverse viral, famosa y espectacular como una Kardashian. Pero lo cierto es que esto es lo de menos.

Hoy día la gente no compra ni le interesa solo lo que haces, sino el paquete completo que incluye el por qué lo haces. Nadie compra solo un producto o servicio, sino lo que les inspiras con él, lo que les hace sentir, y toda la carga de valores inherentes a tu(s) proyecto(s).

Por eso es importante generar contenido que no conteste exclusivamente las preguntas sosas que te dije hace rato (qué haces y cómo) sino por qué. El secreto detrás de tu motivación inicial, de lo que te hace levantarte cada mañana o cada tres días con ganas de escribir algo. La gente no solo quiere conocer tus habilidades, que son esas cosas que haces mejor que el grueso de la población, sino tus pasiones, lo que te encanta hacer. Si puedes cocinar una mezcla de ambas y hacer que la gente te pague por probar una cucharada, excelente. Pero lo realmente importante, lo seminal, lo central, es lo que les estás contando y ofreciendo a tus lectores.

A mí me gusta ayudar, y por eso en 101 me enfoco en ayudar a quienes me leen. Sea ofreciéndoles una guía con la que aventurarse a un tipo de trabajo rentable pero no convencional, o comentándoles de las cosas que me interesan y que creo que deberían interesarles a todos. Y lo hago porque creo que es importante que la gente conozca que existe mundo más allá de la monotonía que conocen, sobre todo si viven en la Venezuela chavista. Hago lo que hago en mi blog porque me encanta escribir, me encanta ayudar, y quiero fomentar en la gente ese espíritu de individualidad y autosuficiencia que es alcanzable, aunque parezca que no.

Por supuesto, seguir esta receta tiene sus puntos negativos, como todo. Yo me he declarado feminista varias veces, y por eso alguna gente me odia, incluyendo a las feministas que conozco. Algunos otros creen y están convencidos de que yo vendo humo porque me dediqué a hacer y vender un libro que a ellos no se les ocurrió antes. Y todo eso es válido. Mi blog no es precisamente una cosa llena de bonitismo. Mi blog respira mi propia personalidad y, como es natural, eso no es algo que le guste a todo el mundo.

El objetivo de todo blog que existe no es llegar a las masas y volverse famoso porque un blog no es una revista ni un programa de televisión. Un blog es un blog, y no necesita tener miles de fans y clientes aunque esa sea una ganancia colateral en potencia. Esto que estoy a punto de decir depende mucho de la naturaleza de lo que haces, pero el verdadero propósito de un blog que (además de contar) vende es crear una comunidad al rededor de él. Si es de muchas o de pocas personas, da lo mismo. La calidad del enganche del lector es lo que debe prevalecer, y gracias a eso yo recibo correos electrónicos de lectores que ahora son mis amigos preguntándome desde cuánto cobrar por una traducción freelance hasta qué tan factible será que Luke Skywalker le niegue a Rey que sea su pupila.

¿Soy famosa? Ni un poquito. Sigo siendo tan Doña Nadie como con mis dos blogs anteriores. ¿Tengo un emporio a lo Trump? Mucho menos. Pero tengo lectores, gente que se interesa por lo que digo y que corre la voz. Y ya eso es mucho y suficiente para mí.

Estoy bastante consciente de que todo lo que he dicho suena hippie y comeflor, pero es la realidad y es de lo que se trata esto. Tu blog no se va a hacer famoso ni tendrás millones en tu cuenta gracias a lo que vendas en él. El verdadero valor de tu sitio es la gente involucrada en él, en tu marca, en la personalidad que exudas en tu blog, y por eso es importante contestar esos porqués de los que te he hablado en este artículo.

Si no habías considerado contarle a tus lectores por qué escribes y haces lo que haces, empieza hoy. Te aseguro que te dará mejores frutos que restregarle en la cara a la gente qué vendes y cómo. Y te lo digo porque yo cometí ese error con mi primer libro, y aunque me fue muy bien, es algo que no haría de nuevo. No lo cometas tú.

La importancia de tener rutinas.

Todos los días me levanto muy temprano, en algún momento entre las cinco y las seis de la mañana. No necesito despertador. Me despierto a esa hora porque mi cuerpo ya se acostumbró.

La razón por la que elegí madrugar, sin embargo, tiene poco que ver con conductas tradicionalistas del tipo “al que madruga, Dios lo ayuda” ni mucho menos. Yo no creo que levantarse temprano tenga ningún valor inherente.

Mi hábito de madrugar tiene que ver, más bien, con mi productividad. Entre las dos y las nueve de la mañana soy más productiva que durante el resto del día. Así que cuando me di cuenta de eso, no me quedó de otra sino elegir entre dos opciones: trasnocharme o madrugar.

Levantarse temprano tiene sus ventajas: el día te rinde más, tienes chance de hacer diligencias pendientes en horario de oficina, y como casi todo el mundo está dormido hasta las siete u ocho de la mañana, puedes trabajar en silencio. Tiene sus desventajas obvias también. Si eres joven y quieres salir un sábado por la noche, tienes que armarte de una siesta o mucho café, porque si no a las 11pm ya vas a estar con los ojos a media asta.

Pero la hora de levantarse es lo de menos. Yo lo hago temprano porque así me gusta y porque me funciona, pero puede que a ti no.

Sin embargo, sí hay una cosa que le funciona a todo el mundo y que le recomiendo hasta a los extraños: hacerse una rutina.

Si te funciona levantarte al mediodía y darle corrido hasta las cuatro de la mañana, hazlo. Pero hazlo todos los días. Todos nosotros somos perros de Pavlov, y si haces lo mismo todos los días, las cosas se darán más fácil.

Hace poco hablé de lo mucho que me molestaba que otras personas trataran a la redacción como un hábito más, tipo lavarse los dientes por la mañana o hacer ejercicio a las seis de la tarde. De hecho, publiqué algo al respecto. Pero hoy me doy cuenta de que estaba equivocada. Escribir sí debe ser un hábito, porque nadie aprende a tejer sino tejiendo y, del mismo modo, nadie aprende a escribir si no es escribiendo.

Para hacerte entender mejor esta máxima que suena a consejo vacío, me permitiré hablarte un poco (en dos párrafos) de mi otra pasión además del lenguaje y la comunicación: las neurociencias.

El cerebro es una cosa hermosa que funciona gracias a la activación de rutas neurales. La corteza motora en un niño de 2 años tiene diferentes rutas neurales que la de un adulto de 36, porque el niño de 2 apenas está aprendiendo a caminar y tiene que esforzarse mucho porque las rutas neurales relacionadas con el andar tienen un umbral de activación más alto que las de la gente grande de 36.

Mientras el niño va creciendo y el caminar se hace automático, ese umbral de activación disminuye. Por eso cuando tú estás caminando lo haces de manera natural, sin pensar que debes primero mover el pie derecho y luego el izquierdo. Las rutas neurales se automatizan, por decirlo de alguna manera, y caminar se hace un hábito, por decirlo de alguna manera también.

Esa es la explicación neurológica de lo que Pavlov y toda la escuela conductista ha intentado decirnos por años: al modificar conductas, se generan hábitos; y al generar hábitos, se modifica la conducta. La conducta para los conductistas es heurística, pero eso no es lo que interesa en el artículo de hoy. Lo que quiero que te lleves es que tener rutinas es importante, sobre todo si estás buscando la excelencia en algún área de tu vida, sea la redacción, el fitness o aprender a planchar.

Si te levantas todos los días a la misma hora a hacer lo mismo, luego de un par de semanas serás infinitamente mejor de lo que eres hoy en esa misma actividad. Si todos los días te pones horarios fijos para hacer ejercicios, notarás que poco a poco puedes levantar más peso o soportar más minutos de cardio de mayor intensidad. Si haces las cosas de manera rutinaria, eventualmente se te hará tan automático como se le hace a una persona de 36 poner un pie delante del otro cuando quiere moverse de sitio.

Así que si quieres escribir bien, escribe todos los días. Si quieres dibujar bien, dibuja todos los días. Si quieres dormir bien, duerme todos los días a la misma hora y luego de una misma rutina. Yo me baño antes de dormir, y justo después de la ducha me unto de cremas. Lo he hecho así por tanto tiempo que ya cuando empiezo a oler la crema en cuestión, empiezo también a bostezar. Eso me ha ayudado mucho con el insomnio, y puede que a ti también. Coge dato.

Armarse de rutinas es importante porque te moldea a ti y a lo que haces, y todos queremos llegar a ser y hacer algo extraordinario. Pero la única forma de crear algo extraordinario es trabajando, y lo único que puede hacer que el trabajo sea menos cuesta arriba es la rutina. No hay receta mágica más que hacer, y la sazón de lo hacendoso es la repetición.

Un abreboca de mi eBook ‘Redacción 101’

ENCABEZADO agilidad en redacción (1)

Sé que hay muchas expectativas en relación a lo que tú esperas encontrar en el eBook que estoy vendiendo sobre redacción de contenido web y copy. La gente que ha contestado la encuesta breve que diseñé para sondear qué opinaban y esperaban (si no has contestado la encuesta, por favor hazlo siguiendo este enlace) ha dado respuestas muy diversas.

Pero para mi sorpresa (y alivio) la mayoría de las peticiones en relación al contenido del eBook ya estaban cubiertas. Desde recursos rápidos y confiables de SEO hasta marcos referenciales para escribir buen contenido, casi todo lo tenía previsto.

Sin embargo, hoy estoy en una onda altruista, y por eso decidí filtrar yo misma uno de los apartados del libro como abreboca para quienes están interesados.

En el tercer capítulo (puedes ver el contenido completo en la misma entrada de blog que te enlacé en el primer párrafo) hablo de las 3A necesarias para crear artículos de calidad. Es un método que yo misma me inventé y que me ha funcionado, y que ahora quiero compartir con quienes compran el libro.

La primera A es de Agilidad. Un artículo ágil es un artículo cuyo contenido incluye más de lo que funciona.

Para descargar el apartado de 7 páginas sobre agilidad en redacción, sigue el siguiente enlace:

REDACCIÓN 101: AGILIDAD.

 

Es un PDF que guardé en Drive en modo borrador. No está optimizado para dispositivos móviles, así que creo que será mejor que lo leas desde tu computador o, en su defecto, desde un iPad o una tablet que tenga una pantalla lo suficientemente grande (7 pulgadas, al menos).

Redacción 101 es un recurso especialmente útil para:

  • Redactores freelance que quieren mejorar su habilidades y conocer mejor el entorno.
  • Bloggers o dueños de sitios web que quieren aprender a optimizar la calidad del contenido escrito que publican en él.
  • Cualquier persona interesada en aprender sobre redacción de contenido web y copy.

Si perteneces a alguno de esos grupos y quieres conocer más detalles sobre cómo adquirir mi eBook ‘Redacción 101’ en pre-venta, visita la entrada correspondiente en mi blog. Ahí tienes toda la información sobre el precio promocional, la fecha de publicación, el contenido del libro y qué debes hacer para conocer los métodos de pago.

Espero que disfrutes el material. Como siempre, si tienes algún comentario, inquietud o sugerencia, escríbeme un correo a 101anapatricia@gmail.com — leo todo lo que recibo y contesto tan rápido como puedo.