El mito de la vocación: Por qué no ejerzo la Medicina en mi país.

Yo soy Médica Cirujana, pero no trabajo como médico. Trabajo como redactora freelance, como estoy segura que están cansados de leer. Se me presentó una oportunidad de trabajar en algo que también me gusta mucho a cambio de una remuneración que, en mis peores meses, es seis veces más alta que la que reciben mis compañeros de clases que hoy salen a trabajar — así que la tomé y en eso trabajo.

Los residentes de primer año de los postgrados ofrecidos en Venezuela, particularmente en los hospitales de Maracaibo, no han recibido aún su primer pago. Empezaron a trabajar el 1 de Enero en un régimen vertical, casi militar, y aún no reciben un solo bolívar por su trabajo. Quienes fueron mis compañeros de clases empezaron a cobrar su salario por rural o internado en febrero, luego de un mes y medio de trabajo médico gratis.

Pero eso no es todo. El médico venezolano tiene que trabajar en condiciones inhumanas. En el hospital de San Carlos, estado Zulia, no hay electricidad desde hace más de tres meses. ¿Puedes imaginar cómo es atender un parto sin electricidad? Parece un cuento de una distopía post-apocalipsis zombie, una cosa que solo ocurriría en Raccoon City, pero no. Es lo que sucede en Venezuela, y estoy segura de que no es el único sitio donde eso de no tener electricidad sucede.

No hay insumos, no hay suficiente personal, y muchas veces no hay siquiera papelería para hacer récipes e informes. Trabajar como médico en Venezuela es una pesadilla, pero si a eso le sumas la miseria salarial, es algo que ninguna persona debería aceptar.

Se preguntarán dónde está el gremio, la Escuela de Medicina de la Universidad del Zulia y las autoridades competentes que deberían estar del lado de los médicos. Lo mismo me preguntaba yo, hasta que la semana pasada leí un comunicado donde exhortaban a “evitar cualquier manifestación o protesta dentro de las instalaciones hospitalarias”. Para leer más puedes hacer clic aquí.

El médico venezolano está desvalido y cobra como un niño vietnamita en una fábrica de la Nike. Su intelecto es explotado, pero más que su intelecto, hay una idea más mística que es explotada con mayor fuerza: la de la vocación.

El mito de la vocación.

El tema del dinero es un tema sucio a los ojos de muchos. Los médicos, para el grueso de la población, somos enviados celestiales que debemos servir sin esperar nada a cambio porque de eso se trata la vocación, la mística de la profesión, lo metafísico que trasciende un cheque mensual o pertenecer a una nómina.

Nada más estúpido que eso.

Con frecuencia solemos apelar a que los médicos también somos humanos -como si fuese necesario aclarar semejante obviedad-, pero lo hacemos en un contexto distinto al relacionado con remuneración, pagos y vidas dignas, y lo llevamos más bien a un plano emocional. No hay nada más desgarrador que escuchar como una madre grita y llora cuando escucha que no hay más nada que hacer con su hijo, por ejemplo, y es imposible que el médico que da la noticia no se vea afectado por eso. No hay un sentimiento de impotencia y rabia más crudo que el que uno siente cuando presencia una muerte absurda y prevenible si en el hospital se contara con los insumos necesarios. La práctica de la Medicina en Venezuela duele a nivel emocional, y como médicos queremos que entiendan esa cara de la moneda, pero nunca la otra.

La otra cara de la moneda es que todo ser humano necesita trascender. Menos que eso, incluso, todo ser humano necesita sentir realización profesional que es imposible en un lugar tan hostil. Todo ser humano necesita ver sus necesidades básicas (comida, agua, electricidad) cubiertas para poder dar el siguiente paso hacia la autorrealización.

Paso a recordarles cómo se ve la Pirámide de Maslow para ilustrar mejor de lo que estoy hablando:

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En el Hospital General del Sur de Maracaibo ha habido tres intentos de violación en lo que va de año, y tantos robos y hurtos que no se pueden contar. La seguridad no está garantizada ni de puertas adentro ni de puertas afuera. Tampoco la alimentación ni el descanso.

Como ven, las instituciones que deberían apoyar las protestas se hacen oídos sordos (como en el caso del Colegio de Médicos del Zulia, que solo dice bla bla bla y termina por no hacer nada) o exhortan a que no haya protestas en lo absoluto (como el caso de la Universidad del Zulia y su División de Estudios para Graduados, a quien los residentes de postgrado están adscritos). Así que afiliación tampoco hay.

Ni siquiera me detendré a hablar de las necesidades que están más arriba en la pirámide porque, en el entorno laboral del médico, es un absurdo.

Pero a lo que quería llegar era a una pregunta muy sencilla que a todo el mundo le va a incomodar. ¿Cómo hace una persona común y corriente para suplir estas necesidades de alimento, descanso, seguridad física, amistad, intimidad sexual y éxito si no es a través del dinero? Es imposible.

Creer que una persona va a dedicarse a ejercer una profesión tan demandante y desgastante como la médica a cambió de nutrir su vocación es de estúpidos e hijos de puta. El dinero es completamente necesario no solo para el médico, sino para el humano que tanto decimos ser.

El médico humano necesita establecer empatía con sus pacientes y que los demás reconozcan esa simpatía. El médico humano necesita dormir, comer e ir al baño. Pero el médico humano también necesita autorrealizarse, y en el entorno venezolano eso es imposible — más aún cuando hay gremios cómplices que callan, un gobierno y sistema chavista que demoniza al médico de universidad y lo soslaya a la luz de los cubanos y Médicos Integrales comunitarios, y de unos hospitales que ofrecen más desolación que salud.

Por eso yo no ejerzo la medicina en mi país. Ser médico venezolano es una pesadilla asquerosa desde todo punto de vista de la que no pienso formar parte. Extraño ver pacientes y el olor de las emergencias todos los días, pero como individuo que soy, me niego a que exploten mi vocación mientras los demás se quedan de brazos cruzados esperando que algún día el tiempo de Dios se haga perfecto.

Voy a trabajar como médico de nuevo, y de eso estoy segura. Pero no en este país. Mi pirámide de Maslow está en otro lado, y creo que la de todos mis colegas también debería estarlo.

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One thought on “El mito de la vocación: Por qué no ejerzo la Medicina en mi país.

  1. una lamentable realidad, los profesionales bien capacitados quedaron aplastados por la mediocridad y el resentimiento que nos rodea en este país.

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